07 Abr

Primavera, ¿la sangre altera? Astenia primaveral

 

Guardando  abrigos, mantas y botas.  ¡Bienvenido sol!

Planeando el fin de semana, desde el primer hasta el último minuto del día. Suena el despertador y… sin ganas de mover un solo dedo. Plan cancelado. ¡No me apetece hacer absolutamente N-A-D-A!

Con el fin del invierno y la llegada de la primavera empezamos a oír en los medios de comunicación que llega la astenia primaveral. Pero, ¿a qué nos referimos con ese concepto? ¿Es un cuento más? ¿Hay alguna evidencia científica que lo sostenga?

La astenia primaveral

La astenia es un concepto médico que utilizamos para definir el cansancio generalizado, la sensación de fatiga y un estado constante de debilidad. Las causas que lo originan pueden ser físicas y psíquicas y requieren de una intervención especializada para determinar su etiología. La anemia produce esta sensación. También una deficiencia vitamínica y una depresión mayor.

La astenia primaveral se manifiesta con los mismos síntomas, y se asocia al cambio estacional del invierno a la primavera. Sin embargo, no necesita un tratamiento determinado, pues no se considera una patología o enfermedad concreta, si no un estado temporal transitorio.

El doctor Víctor Navarro, psiquiatra del Hospital Clínico de Barcelona afirma que “No es una enfermedad, no hay que ir al médico ni tomar nada. Hay gente que dice sentirse algo fatigada y desmotivada, pero no hay ningún estudio científico que demuestre su relación con la primavera” Opinión que no difiere demasiado de la manifestada por Francisco Camaralles, médico de familia en Madrid y miembro de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (SEMFyC): “Dudo de que exista como entidad clínica, igual que también dudo de que exista el síndrome posvacacional. Cierto que uno puede sentirse decaído, pero en todo caso no se trataría de una enfermedad; como mucho, un trastorno temporal por el cambio de horario o el aumento de la temperatura”

La padece aproximadamente el 2% de la población y pese a que la ausencia de respaldo científico nos invita a no atiborrarnos a vitaminas y visitas inútiles al médico, sí que hay que tener en consideración que los síntomas de algunos pacientes psiquiátricos como los bipolares o depresivos  pueden verse agudizados considerablemente.

Las causas

Difuso el concepto, difuso su origen y causas.

Existen intentos de etiología como la hipótesis del descenso del nivel de las beta-endorfinas, las responsables de la disminución de la sensación de dolor. En ella se asocia este fenómeno a la entrada de la primavera y los cambios atmosféricos que ella conlleva. Sin embargo, no existen estudios científicos que correlacionen de forma directa el descenso de la segregación del sistema endocrino de este tipo de hormonas y el fenómeno de la astenia primaveral.  Lo que sí está claro es que nuestro cuerpo ha de adaptarse a nuevas condiciones de luminosidad, temperatura,  humedad y presión atmosférica.

El cambio horario, que nos supone una hora menos de sueño y el desplazamiento de las horas de la comida y la ejecución de otras tareas y actividades, tampoco contribuye a nuestro empuje energético. Si bien es cierto que, la percepción de la salud depende de cada persona y, lo que para algunos puede ser una somnolencia difícil de superar, para otros la luminosidad de las mañanas primaverales supone toda una fuente de estimulación.

Nuestro reloj biológico está sujeto a los estímulos que recibe del exterior, y la luz es uno de los principales elementos que inciden sobre él. Lo hace inhibiendo la producción de la melatonina, hormona que nos hace dormir y aliviar el estado letárgico y liberando la serotonina, conocida como la hormona de la felicidad.

Según nos explica Juan Antonio Madrid, especialista en Cronobiología de la Universidad de Murcia “La luz nos estimula; en muchas especies animales y plantas está relacionada con un aumento de la vitalidad, necesaria para la reproducción, el acopio de comida, etcétera”

Los procesos alérgicos, frecuentes en esta época del año, suponen también un factor importante que influye en la sintomatología apática, de desánimo y cansancio. Los síntomas alérgicos, que producen un malestar general, favorecen el insomnio y la consecuente irritabilidad y desgana.  “Algunas hipótesis indican una relación entre el sistema inmune y la producción de la serotonina”, así lo explica José María Martínez Selva, catedrático de Psicobiología de la Universidad de Murcia.

 Identificación de los síntomas y su reducción

Si bien es cierto que la sintomatología que aparece en este periodo adaptativo es variable en función de cada persona, existe una serie de síntomas comunes

  • Fatiga generalizada
  • Somnolencia diurna
  • Desmotivación
  • Dificultad para concentrarse
  • Irritabilidad
  • Falta de apetito
  • Tensión arterial baja
  • Ausencia de interés sexual
  • Dolor de cabeza y malestar general

Al no estar hablando de una patología como tal o una enfermedad concreta, no requiere de un tratamiento específico. Mantener unos hábitos de vida saludables reduce significativamente la aparición de los síntomas y mejora la adaptación.

  • En el sueño. Intenta mantener horarios regulares al acostarte y al levantarte e intenta dormir entre 7 u 8 horas de sueño nocturno.
  • En la alimentación. Una dieta sana y equilibrada, rica en verduras, frutas y cereales, hace innecesarias las vitaminas, a no ser que se padezca alguna otra patología, como puede ser una anemia. Se aconseja empezar el día con un buen desayuno y acabarlo con una cena ligera
  • En la hidratación. Intenta beber una media de dos litros de agua diarios. El cambio estacional supone un aumento de temperatura con el consiguiente aumento del nivel de sudoración y el gasto de agua corporal
  • En el ejercicio. Trata de  realizar ejercicio ligero, para no dejarte llevar por la desgana y desmotivación

Todo este proceso adaptativo no suele perdurar más de dos semanas. Si se prolonga en tiempo y los síntomas se agravan, es recomendable acudir a un profesional de la salud que descarte que nos encontramos ante alguna otra alteración física o psicológica

21 Ene

La Felicidad. Desmontando falsos mitos.

Si, al igual que yo, sois de aquellos que no han visto aumentar su economía ni un ápice como producto de las loterías navideñas, no desesperéis. Si con ello pretendíais encontrar la felicidad absoluta y la solución a todos vuestros problemas, ese no era el camino. A continuación vamos a desmontar falsos mitos acerca de qué es lo que nos lleva a aumentar nuestro bienestar y a ser más felices. ¿Me acompañáis?

Mito 1: El dinero y la Felicidad van de la mano

El dinero nos ayuda a estar más satisfechos con la vida en tanto que nos permite cubrir  nuestras necesidades básicas. Pero parece ser que a partir de cierto punto, el aumento de riqueza no se corresponde con un correspondiente aumento de felicidad a largo plazo. Esta es la razón por la que personas que han ganado importantes sumas de dinero de manera repentina, (como podría ser El gordo de Navidad en nuestro caso) vuelven, tras unos meses, a recuperar los niveles de felicidad que presentaban antes de ganar el premio. Por otra parte, los estudios de satisfacción vital de habitantes de diferentes países han revelado datos sorprendentes en la relación riqueza-satisfacción, a veces difícilmente explicables. Así, Japón presenta unos valores en satisfacción con la vida relativamente bajos, comparables a La India o Nigeria, siendo el nivel adquisitivo de sus habitantes escandalosamente superior.

Mito 2: La salud es Felicidad

Esto, que parece un hecho incuestionable, es una realidad a medias. A decir verdad, la salud física (en términos médicos objetivos) guarda escasa relación con la felicidad. Es la percepción subjetiva que tengamos sobre nuestro estado de salud lo que sí se corresponde con nuestro grado de satisfacción y felicidad. Ello explica que personas que atraviesan enfermedades graves no ven disminuir su satisfacción con la vida tanto como cabría imaginar, o que aquellas personas víctimas de accidentes que han quedado gravemente limitadas físicamente, presenten, tras un periodo de tiempo moderado, niveles de felicidad similares a la población general.

En los últimos años, estudios científicos han revelado que las personas venimos al mundo con unos niveles de felicidad programados, una especie de “termostato de la felicidad”. Los acontecimientos de nuestra vida van a variar los índices de felicidad o desdicha pero estos siempre van a tender a reequilibrarse en el punto previo.

Mito 3: Las personas mayores son infelices

No es cierto. De hecho, la satisfacción con la vida aumenta ligeramente con la edad. Lo que sí cambia es la intensidad de las emociones y la manera en que se afrontan los problemas según se envejece. Las personas mayores se acomodan más a las circunstancias que les rodean y experimentan con menos intensidad las emociones, tanto positivas como negativas.

Mito 4: “El matrimonio es la principal causa de divorcio”- Groucho Marx

Bromas aparte, y contrariamente a lo que muchos piensan, parece ser que las personas casadas, o que comparten su vida con otra persona, presentan mayores niveles de felicidad que el resto de los mortales. Lo que no está aún muy claro es si las personas emparejadas son más felices por el mero hecho de estarlo, o bien son aquellas personas mas felices las que a su vez resultan ser más sociables, extrovertidas y generosas, y por lo tanto encuentran más posibilidades de emparejarse o casarse.

Mito 5: ¿Disfrutar de un buen clima?; ¿Ser más inteligentes?; ¿Un mayor nivel educativo?

Tampoco ninguno de estos parámetros influye significativamente para que seamos más felices. Ni vivir en un clima soleado, ni tener la cabeza de Einstein, ni aumentar el nivel de estudios van a ser instrumentos para incrementar nuestro nivel de felicidad.

¿Cuáles son pues las claves que nos pueden ayudar a ser más felices?… Para eso tendremos que esperar a nuestro siguiente post. Continuará… 😉