12 May

Problemas de sueño en niños: “¡A la cama!”

Los problemas de sueño afectan a un porcentaje elevado de los niños pequeños, aproximadamente al 37 %. Lo más común es que tengan un origen psicológico e incluso sean producto del propio desarrollo madurativo.

Los trastornos de sueño pueden tomar la forma de pesadillas, terrores nocturnos, sonambulismo o insomnio infantil, pero en la mayoría de las ocasiones se trata de la resistencia de los niños a acostarse, la dificultad para conciliar el sueño y/o al despertar reiterado a lo largo de la noche, con el consiguiente impacto en la vida familiar y, especialmente, en padres y cuidadores.

 No existen patrones exactos en las horas de descanso que deben respetarse, ya que, al igual que ocurre con los mayores, cada niño tiene unas necesidades de sueño específicas que además van variando según la edad. Sin embargo, en líneas generales, en los primeros meses de vida (0-3 meses), los bebés duermen una media de 17 horas, interrumpidas cada 3 o 4 horas para comer. Según avanzan los meses, se van alargando los periodos de sueño nocturno y reduciendo las horas de sueño durante el día, hasta llegar a unas 2 horas de siesta en torno al primer año de vida.

Sin embargo, muy a nuestro pesar, queridos padres y madres, en la práctica no todo es tan sencillo….

Cuando no hay manera de irse a la cama 🙁

Lloros, pataletas, gritos, incluso llegar a esconderse (a algunos no os sonará a chiste) a la hora de irse a dormir. Otras veces, el alboroto y las protestas se producen cuando los padres abandonan la habitación, o cuando apagamos la luz.

¿Cómo podemos contribuir a hacer más fácil la hora de irse a dormir?

  • Cuidemos el ambiente del sueño. El dormitorio infantil debe ser un lugar alegre y agradable, en el que el niño se pueda sentir tranquilo y relajado. Respecto a la iluminación puede ser útil utilizar un regulador de voltaje si el niño presenta temor a la oscuridad o rechazo a quedarse solo.
  • Evitemos la táctica de enviar al niño a la cama como castigo. Así conseguiremos que no asocie el acto de dormir con algo amenazante o negativo.
  • Utilicemos una rutina para dormir, esto es, una secuencia de acciones que acaben con el momento de irse a la cama. De esta manera el niño va a ir anticipando la llegada del final del día. Por ejemplo, puede resultar útil la secuencia baño/cena/actividad agradable (juego)/cama.
  • Dadle algunos avisos previos que le vayan recordando que el momento de irse a dormir está cerca. Mejor evitar sorpresas.
  • El juego de los últimos momentos del día deben ser actividades tranquilas, que induzcan a la relajación y al sueño. Es un exceso de optimismo pensar que tras una sesión de juego al pilla pilla vayan a caer dormidos al primer contacto con las sábanas.
  • Firmeza: no negociéis con ellos. En la medida de lo posible, los horarios deben respetarse siempre, y esto no debe incluir negociaciones. Si sucumbís a la negociación, debéis saber que es altamente probable que lo vuelvan a plantear en ocasiones sucesivas. Si resultó una vez, ¿Por qué no volver a intentarlo?.
  • Intentad no perder los nervios delante del niño. Somos un modelo de comportamiento para ellos
  • Si el niño es propenso a padecer miedo, debemos evitar que visualice o tenga contacto con contenidos que le produzcan temores o inquietud en los momentos previos a acostarse.

 Debemos tener en cuenta que son muchas y variadas las circunstancias que pueden provocar alteraciones en el patrón de sueño.

Afecciones físicas como los cólicos, la salida de los dientes (entre los 12-18 meses), pañales húmedos, eccemas que cursan con picor, infecciones de oídos, hambre, entre otros, son frecuentemente la causa de problemas en el sueño de los más pequeños.

Por otro lado, trastornos emocionales provocados por acontecimientos familiares o escolares también pueden contribuir a aumentar inquietudes o temores en los niños, con la consiguiente interferencia en los hábitos de sueño. En estos casos, lo más recomendables es hablar con ellos, explicándoles lo que ocurre y tratar de tranquilizarles.