21 Ene

La Felicidad. Desmontando falsos mitos.

Si, al igual que yo, sois de aquellos que no han visto aumentar su economía ni un ápice como producto de las loterías navideñas, no desesperéis. Si con ello pretendíais encontrar la felicidad absoluta y la solución a todos vuestros problemas, ese no era el camino. A continuación vamos a desmontar falsos mitos acerca de qué es lo que nos lleva a aumentar nuestro bienestar y a ser más felices. ¿Me acompañáis?

Mito 1: El dinero y la Felicidad van de la mano

El dinero nos ayuda a estar más satisfechos con la vida en tanto que nos permite cubrir  nuestras necesidades básicas. Pero parece ser que a partir de cierto punto, el aumento de riqueza no se corresponde con un correspondiente aumento de felicidad a largo plazo. Esta es la razón por la que personas que han ganado importantes sumas de dinero de manera repentina, (como podría ser El gordo de Navidad en nuestro caso) vuelven, tras unos meses, a recuperar los niveles de felicidad que presentaban antes de ganar el premio. Por otra parte, los estudios de satisfacción vital de habitantes de diferentes países han revelado datos sorprendentes en la relación riqueza-satisfacción, a veces difícilmente explicables. Así, Japón presenta unos valores en satisfacción con la vida relativamente bajos, comparables a La India o Nigeria, siendo el nivel adquisitivo de sus habitantes escandalosamente superior.

Mito 2: La salud es Felicidad

Esto, que parece un hecho incuestionable, es una realidad a medias. A decir verdad, la salud física (en términos médicos objetivos) guarda escasa relación con la felicidad. Es la percepción subjetiva que tengamos sobre nuestro estado de salud lo que sí se corresponde con nuestro grado de satisfacción y felicidad. Ello explica que personas que atraviesan enfermedades graves no ven disminuir su satisfacción con la vida tanto como cabría imaginar, o que aquellas personas víctimas de accidentes que han quedado gravemente limitadas físicamente, presenten, tras un periodo de tiempo moderado, niveles de felicidad similares a la población general.

En los últimos años, estudios científicos han revelado que las personas venimos al mundo con unos niveles de felicidad programados, una especie de “termostato de la felicidad”. Los acontecimientos de nuestra vida van a variar los índices de felicidad o desdicha pero estos siempre van a tender a reequilibrarse en el punto previo.

Mito 3: Las personas mayores son infelices

No es cierto. De hecho, la satisfacción con la vida aumenta ligeramente con la edad. Lo que sí cambia es la intensidad de las emociones y la manera en que se afrontan los problemas según se envejece. Las personas mayores se acomodan más a las circunstancias que les rodean y experimentan con menos intensidad las emociones, tanto positivas como negativas.

Mito 4: “El matrimonio es la principal causa de divorcio”- Groucho Marx

Bromas aparte, y contrariamente a lo que muchos piensan, parece ser que las personas casadas, o que comparten su vida con otra persona, presentan mayores niveles de felicidad que el resto de los mortales. Lo que no está aún muy claro es si las personas emparejadas son más felices por el mero hecho de estarlo, o bien son aquellas personas mas felices las que a su vez resultan ser más sociables, extrovertidas y generosas, y por lo tanto encuentran más posibilidades de emparejarse o casarse.

Mito 5: ¿Disfrutar de un buen clima?; ¿Ser más inteligentes?; ¿Un mayor nivel educativo?

Tampoco ninguno de estos parámetros influye significativamente para que seamos más felices. Ni vivir en un clima soleado, ni tener la cabeza de Einstein, ni aumentar el nivel de estudios van a ser instrumentos para incrementar nuestro nivel de felicidad.

¿Cuáles son pues las claves que nos pueden ayudar a ser más felices?… Para eso tendremos que esperar a nuestro siguiente post. Continuará… 😉