11 Mar

El poder de la Autocompasión

Es muy probable que si pensamos en la importancia de ser comprensivos, bondadosos y tolerantes, lo hagamos pensando en nuestra manera de ser o comportarnos con respecto a los demás. Desde niños nos enseñaron la importancia de estos valores a la hora de relacionarnos en sociedad, con los amiguitos, con la familia y con el resto del mundo. Pero, ¿qué hay de nosotros mismos?: ¿tenemos presente estos aspectos a la hora de afrontar nuestros fracasos, nuestras imperfecciones y limitaciones personales?, o, por el contrario, ¿respondemos ejerciendo un ataque y critica despiadada contra nuestra propia persona cuando cometemos errores o los resultados de nuestros actos no son los esperados?

Vamos a indagar un poco más acerca de qué es eso que llamamos Autocompasión y de cuáles son las ventajas de asumir un comportamiento compasivo con respecto a nuestra propia persona.

¿Cuáles son los pilares de la Autocompasión?

1. Ser comprensivos con nosotros mismos.

Consiste en enfrentarnos a nuestros errores e imperfecciones de forma amable y benevolente, asumiendo que la perfección no existe y reconociendo y aceptando nuestras virtudes así como nuestros puntos débiles. Hay que tener presente que los éxitos y los fracasos son parte de la vida y comunes a todas las personas.

2. Entender las circunstancias y el contexto que nos llevaron a actuar como lo hicimos, a ser como somos.

Todos nosotros contamos con una historia personal y familiar, una colección de éxitos pero también de frustraciones y pérdidas, además de la carga genética con la que vinimos al mundo. No debemos olvidar, a la hora de analizar nuestros comportamientos o el resultado de nuestras acciones, que todas estas circunstancias están influyendo para hacernos la persona que hoy en día somos.

3. Ser conscientes de nuestro propio sufrimiento ante las dificultades de la vida.

Mirarnos a nosotros mismos con bondad, esperanza y compasión en lugar de ser excesivamente críticos, crueles o juzgarnos a nosotros mismos de incompetentes. Ser conscientes de nuestro propio dolor  (en lugar de obsesionarnos ciegamente por solucionar el problema que nos causa malestar), constituye el primer paso para despertar comportamientos compasivos hacia nosotros mismos.

¿Qué beneficios conlleva ser Autocompasivo?

  • Las personas autocompasivas están más motivadas para conseguir sus metas y objetivos. Se esfuerzan por evolucionar y aprender de los errores del pasado. No se sienten tremendamente frustrados ni angustiados en caso de que las cosas no salgan como se espera porque no van a ejercer una crítica despiadada contra sí mismos. El menor miedo a fracasar les lleva a emprender nuevos proyectos de manera entusiasta y a recomponerse más rápidamente de un fracaso.
  • La Autocompasión genera un mayor equilibrio y bienestar emocional. Tanto es así que investigaciones recientes han relacionado una mayor autocompasión con menores índices de ansiedad, estrés y depresión. Es como si nos ayudara a enfrentarnos a los retos de la vida de una manera más segura, alejándonos de la amenaza de la vergüenza y la autocrítica y promoviendo actitudes de confianza, comprensión y aceptación incondicional con respecto a nosotros mismos.
  • Además de los beneficios personales, la Autocompasión también mejora las relaciones con los demás, incluyendo las relaciones de pareja. La capacidad de aceptar con naturalidad la imperfección de uno mismo y de entender el amplio conjunto de condiciones y circunstancias que nos hacen ser como somos, también ayuda a entender el comportamiento de los demás de una forma menos limitada y, por tanto, aumenta nuestra capacidad para el perdón.
  • Las habilidades de Autocompasión están relacionada con una mayor flexibilidad psicológica, de manera que seamos más conscientes del momento presente, evaluando nuestros comportamientos en función de si nos acercan o no a nuestras metas y valores personales. La flexibilidad psicológica, al igual que la Autocompasión, fomenta el bienestar emocional y aumenta nuestra calidad de vida.

Son muchos los beneficios. Merece la pena intentarlo, ¿verdad? 😉