03 Sep

Rupturas de pareja. ¿Por qué aumentan tras el verano?

El final del verano llegó y tu partirás…” eso decía la letra de la canción de tinte melancólico interpretada por el Dúo Dinámico. Y aunque este tema relata el fin de un efímero amor de verano, lo que sí parece estar demostrado es que tras el periodo estival el número de rupturas de pareja, divorcios y nulidades matrimoniales aumenta significativamente.

Pero, ¿por qué crece el número de separaciones en el tercer trimestre del año?, ¿no deberían servir los días de vacaciones para ayudarnos a desconectar y a enfocar los problemas de otra manera?

En primer lugar partamos de la idea de que la decisión de separarse, ya sea de mutuo acuerdo o promovida por una de las partes, no es algo que surja de manera abrupta, sino que es más bien producto de la reflexión durante meses o incluso años.
Los puntos de fricción entre los miembros de la pareja, las obligaciones, la escasez de tiempo, los problemas de comunicación, la mala estructuración del tiempo de ocio o la falta de habilidad en la resolución de problemas, pueden conducir a un debilitamiento y desgaste progresivo en la pareja.

A veces, la propia planificación de las vacaciones puede suponer una fuente de estrés si la pareja ya tiene problemas. Qué destino elegir, dónde alojarse, qué inversión económica se va a realizar o la elección de fechas, pueden ser causa de conflicto si no se ponen en marcha estrategias de negociación adecuadas.

Durante las vacaciones nuestros horarios y actividades cambian radicalmente. El tiempo que invertimos en pareja es mucho mayor y esto a veces, lejos de ayudar, evidencia e intensifica los problemas que hasta entonces han estado camuflados tras la rutina diaria. El darnos cuenta de esto puede ser la causa de una intensa frustración y decepción con respecto a la relación  e incluso puede llevarnos a tirar la toalla.

Si la decisión acerca de la ruptura ya está tomada desde hace tiempo, el final del verano puede verse como final de una etapa. Se convierte en un marcador temporal a partir del cual realizar cambios en nuestra vida. Algo semejante a lo que sucede con el comienzo de un nuevo año.

Por otro lado, durante el verano tendemos a pasar más tiempo fuera de casa, a salir más con los amigos, realizar más actividades al aire libre y a relacionarnos con más gente. Esto puede facilitar que encontremos otras alternativas a nuestra relación de pareja, sobre todo si ésta se encuentra ya debilitada o desgastada.

Pero no todo van a ser factores negativos a tener en cuenta: si bien es cierto que las vacaciones de verano pueden agravar áreas problemáticas en la relación que pueden desembocar en ruptura, también pueden convertirse en estupendos periodos de reflexión, oportunidades para el establecimiento de nuevos proyectos compartidos y mejoras en la comunicación y la intimidad dentro de la pareja.

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