25 Abr

Acoso Psicológico Laboral: “¿Por qué a mi?”

Mobbing, Acoso Psicológico Laboral, Hostigamiento Psicológico, Psicoterror Laboral… lo hemos llamado de muchas maneras. Pero, ¿sabemos reconocerlo?

 ¿Qué es el Acoso Psicológico Laboral?

 Se trata de conductas psicológicamente agresivas dirigidas contra una persona en el entorno de trabajo, ya sea por parte de un grupo o bien por una persona sola. Suceden de forma frecuente y durante un periodo largo de tiempo, atentan contra los derechos y la dignidad de la persona con la finalidad de disminuir su capacidad laboral y empleabilidad.

Veamos qué tipo de conductas son estas:

  • Conductas para dañar su reputación o dignidad, que puede ser en forma de rumores o burlas sobre rasgos físicos, formas de hablar o vestir, creencias religiosas, etc.
  • Acciones contra el desempeño laboral, proporcionándole una carga de trabajo excesiva o, por el contrario, retirándole las tareas que realizaba habitualmente y asignándole otras que no están en coherencia con su formación o experiencia.
  • Manipulación de la comunicación e información. Se omite la información relativa al trabajo a realizar, tanto en relación a las instrucciones de cómo debe hacerse la tarea, como en referencia a los resultados. Muchas veces se retira totalmente la palabra con el fin de aislar a la persona, y la mayor parte de la comunicación es en forma de críticas y reproches.
  • Acciones que ponen de manifiesto la desigualdad de la víctima con respecto a sus compañeros de trabajo. Por ejemplo, la distribución de horarios y turnos de trabajo de manera no equitativa, las diferencias de trato, peores condiciones del puesto de trabajo, etc.

¿Qué formas puede tomar el Acoso Psicológico Laboral?

Lo más frecuente es el Acoso Descendente, de jefes a subordinados. En este caso el acosador se encuentra en una posición privilegiada con respecto a la víctima. Es el tipo de acoso que más daño puede producir, ya que tiene más capacidad para incrementar el aislamiento y la indefensión de la persona que lo sufre.

 Otras formas de acoso son aquel que tiene lugar entre los propios compañeros de trabajo, de un mismo nivel jerárquico (Acoso Horizontal) y, menos frecuentemente, el que se dirige hacia un miembro de una posición jerárquica superior, por parte de uno o varios subordinados (Acoso Ascendente).

” Y… ¿Por qué a mi?”

Hay que tener claro que el acoso psicológico no es nunca culpa de la persona que lo sufre.

Dicho esto, hay muchos factores de la propia organización que pueden actuar como caldo de cultivo para que se den conductas de mobbing. Por ejemplo, un clima laboral competitivo e individualista, la ausencia de canales estables de comunicación dentro de la compañía, una dirección excesivamente autoritaria, una cultura organizacional poco flexible donde no se toleran las diferencias, altos niveles de estrés relacionados con el trabajo, empleo inseguro, etc.

Existen algunos factores que puede predisponer al acoso, en los acosadores y en los acosados:

  • Los trabajadores brillantes, resolutivos, atractivos, pueden ser considerados como rivales competitivos. Una autoestima baja en el hostigador y/o miedo a perder su liderazgo, pueden ser factores que faciliten la situación de acoso.
  • Trabajadores aparentemente vulnerables, indefensos o con peculiaridades físicas pueden ser un blanco más fácil para posibles burlas o ataques, ya sea con un propósito encubierto por parte del acosador, o por el mero hecho de hacer daño.
  • Trabajadores eficaces, activos y con iniciativa pueden ser vistos como una amenaza para aquellos que rechazan los cambios, dando lugar al hostigamiento psicológico cuando el acosador teme perder determinadas ventajas o que la situación laboral se vuelva más exigente.

Por tanto, el miedo a perder el puesto de trabajo, a perder el liderazgo (en muchos casos estrechamente ligado a la autoestima), a que se produzcan cambios en la organización que no desean y, en ultimo término, el objetivo destructivo y negativo de dañar a otra persona, son los factores presentes en el acosador que más contribuyen a que se desencadene la conducta de acoso.

Para más información sobre el Acoso Psicológico Laboral, os dejo el siguiente enlace del INSHT:

http://www.insht.es/portal/site/RiesgosPsicosociales/menuitem.8f4bf744850fb29681828b5c180311a0/?vgnextoid=e15e84fbb7819410VgnVCM1000008130110aRCRD

 

 

07 Abr

Primavera, ¿la sangre altera? Astenia primaveral

 

Guardando  abrigos, mantas y botas.  ¡Bienvenido sol!

Planeando el fin de semana, desde el primer hasta el último minuto del día. Suena el despertador y… sin ganas de mover un solo dedo. Plan cancelado. ¡No me apetece hacer absolutamente N-A-D-A!

Con el fin del invierno y la llegada de la primavera empezamos a oír en los medios de comunicación que llega la astenia primaveral. Pero, ¿a qué nos referimos con ese concepto? ¿Es un cuento más? ¿Hay alguna evidencia científica que lo sostenga?

La astenia primaveral

La astenia es un concepto médico que utilizamos para definir el cansancio generalizado, la sensación de fatiga y un estado constante de debilidad. Las causas que lo originan pueden ser físicas y psíquicas y requieren de una intervención especializada para determinar su etiología. La anemia produce esta sensación. También una deficiencia vitamínica y una depresión mayor.

La astenia primaveral se manifiesta con los mismos síntomas, y se asocia al cambio estacional del invierno a la primavera. Sin embargo, no necesita un tratamiento determinado, pues no se considera una patología o enfermedad concreta, si no un estado temporal transitorio.

El doctor Víctor Navarro, psiquiatra del Hospital Clínico de Barcelona afirma que “No es una enfermedad, no hay que ir al médico ni tomar nada. Hay gente que dice sentirse algo fatigada y desmotivada, pero no hay ningún estudio científico que demuestre su relación con la primavera” Opinión que no difiere demasiado de la manifestada por Francisco Camaralles, médico de familia en Madrid y miembro de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (SEMFyC): “Dudo de que exista como entidad clínica, igual que también dudo de que exista el síndrome posvacacional. Cierto que uno puede sentirse decaído, pero en todo caso no se trataría de una enfermedad; como mucho, un trastorno temporal por el cambio de horario o el aumento de la temperatura”

La padece aproximadamente el 2% de la población y pese a que la ausencia de respaldo científico nos invita a no atiborrarnos a vitaminas y visitas inútiles al médico, sí que hay que tener en consideración que los síntomas de algunos pacientes psiquiátricos como los bipolares o depresivos  pueden verse agudizados considerablemente.

Las causas

Difuso el concepto, difuso su origen y causas.

Existen intentos de etiología como la hipótesis del descenso del nivel de las beta-endorfinas, las responsables de la disminución de la sensación de dolor. En ella se asocia este fenómeno a la entrada de la primavera y los cambios atmosféricos que ella conlleva. Sin embargo, no existen estudios científicos que correlacionen de forma directa el descenso de la segregación del sistema endocrino de este tipo de hormonas y el fenómeno de la astenia primaveral.  Lo que sí está claro es que nuestro cuerpo ha de adaptarse a nuevas condiciones de luminosidad, temperatura,  humedad y presión atmosférica.

El cambio horario, que nos supone una hora menos de sueño y el desplazamiento de las horas de la comida y la ejecución de otras tareas y actividades, tampoco contribuye a nuestro empuje energético. Si bien es cierto que, la percepción de la salud depende de cada persona y, lo que para algunos puede ser una somnolencia difícil de superar, para otros la luminosidad de las mañanas primaverales supone toda una fuente de estimulación.

Nuestro reloj biológico está sujeto a los estímulos que recibe del exterior, y la luz es uno de los principales elementos que inciden sobre él. Lo hace inhibiendo la producción de la melatonina, hormona que nos hace dormir y aliviar el estado letárgico y liberando la serotonina, conocida como la hormona de la felicidad.

Según nos explica Juan Antonio Madrid, especialista en Cronobiología de la Universidad de Murcia “La luz nos estimula; en muchas especies animales y plantas está relacionada con un aumento de la vitalidad, necesaria para la reproducción, el acopio de comida, etcétera”

Los procesos alérgicos, frecuentes en esta época del año, suponen también un factor importante que influye en la sintomatología apática, de desánimo y cansancio. Los síntomas alérgicos, que producen un malestar general, favorecen el insomnio y la consecuente irritabilidad y desgana.  “Algunas hipótesis indican una relación entre el sistema inmune y la producción de la serotonina”, así lo explica José María Martínez Selva, catedrático de Psicobiología de la Universidad de Murcia.

 Identificación de los síntomas y su reducción

Si bien es cierto que la sintomatología que aparece en este periodo adaptativo es variable en función de cada persona, existe una serie de síntomas comunes

  • Fatiga generalizada
  • Somnolencia diurna
  • Desmotivación
  • Dificultad para concentrarse
  • Irritabilidad
  • Falta de apetito
  • Tensión arterial baja
  • Ausencia de interés sexual
  • Dolor de cabeza y malestar general

Al no estar hablando de una patología como tal o una enfermedad concreta, no requiere de un tratamiento específico. Mantener unos hábitos de vida saludables reduce significativamente la aparición de los síntomas y mejora la adaptación.

  • En el sueño. Intenta mantener horarios regulares al acostarte y al levantarte e intenta dormir entre 7 u 8 horas de sueño nocturno.
  • En la alimentación. Una dieta sana y equilibrada, rica en verduras, frutas y cereales, hace innecesarias las vitaminas, a no ser que se padezca alguna otra patología, como puede ser una anemia. Se aconseja empezar el día con un buen desayuno y acabarlo con una cena ligera
  • En la hidratación. Intenta beber una media de dos litros de agua diarios. El cambio estacional supone un aumento de temperatura con el consiguiente aumento del nivel de sudoración y el gasto de agua corporal
  • En el ejercicio. Trata de  realizar ejercicio ligero, para no dejarte llevar por la desgana y desmotivación

Todo este proceso adaptativo no suele perdurar más de dos semanas. Si se prolonga en tiempo y los síntomas se agravan, es recomendable acudir a un profesional de la salud que descarte que nos encontramos ante alguna otra alteración física o psicológica